Last year in February, I found my third great-grandmother Delsie Faulker Harkness on a Georgia slave record in 1850. I also found her son Greene Harkness on a Georgia voter roll in 1867. I was able to find these records through an initial discovery of their names on US census records from the Reconstruction Era. I spent the rest of 2020 unpacking the wisdom of these discoveries and reflecting on them in light of our efforts to ensure that everyone was counted on the Census and that people of faith and moral courage “rose and vote” their values on Election Day. I wondered about how my ancestors kept faith for a better future, in the face of slavery and as the hope of Reconstruction was drained away by Jim Crow laws.

Now on the other side of the Election, in this new political moment, I find myself going back to my ancestors’ lives for wisdom, amid the continuing reality of the pandemic, about our regard for the most vulnerable in our communities, especially essential workers. As enslaved people and later farm workers, my ancestors were both essential workers and expendable workers. They were essential workers and exploitable workers. They were essential workers subject to the logic and impulse of Empire to diminish their humanity, exclude them from full citizenship, extract their labor, and alienate them and their community within the nation’s moral imagination.

The plight of essential workers is a testament to the power of the hierarchy of human value, the myth of scarcity, and the hyper-individualism that isolates and alienates us all. Now is the time to consult the ancient and ancestral wisdom of our diverse spiritual traditions for the courage and love we will need to stand in fierce solidarity with essential workers. Whether they teach us to “see no stranger” or to see the image of the Holy in one another, our diverse wisdom traditions affirm the inherent dignity of us all. Our traditions call us to share our resources and extend care to the marginalized. And, for me, the stories and faith of essential workers today are deeply intertwined with the stories and faith of my ancestors.

And so we keep faith with essential workers everywhere. We stand for their access to just wages and worker protections, access to health care and housing, and a pathway to citizenship. People of faith and moral courage are fighting with our kindred in this season because we resist the logic of Empire and embrace the vision of Beloved Community. We reject human hierarchy and embrace human dignity. We reject an economy and ecology of scarcity and work for an abundant future. We reject alienation and isolation and pursue an inclusive community of belonging.

In this new season, we can keep faith with the ancestors. Indeed, we can sing the wisdom of the anthem that Grandma Delsie’s grandson Willie (whom I knew) would have learned in school: “Let us march on ‘til victory is won.”

Rev. Michael-Ray Mathews
Deputy Director and Director of Clergy Organizing
Faith in Action


El año pasado, en febrero, encontré mi tercer bisabuela Delsie Faulker Harkness en un registro de esclavos de Georgia de 1850. También encontré a su hijo Greene Harkness en un registro electoral de Georgia de 1867. Pude encontrar estos registros por medio de un descubrimiento inicial de sus nombres en el registro del censo EE.UU. de la Era de Reconstrucción. Pasé el resto del 2020 desempacando la sabiduría de estos descubrimientos y reflexionando sobre ellos considerando nuestros esfuerzos para asegurar que todos se contaran en el Censo y que las personas de fe y valor moral “se levantaron y votaron” sus valores el Día de las Elecciones. Me preguntaba cómo mis antepasados habían mantenido la fe para un mejor futuro, ante la esclavitud y mientras la esperanza de la Reconstrucción se agotaba debido a las leyes de Jim Crow.

Hoy, del otro lado de las Elecciones, en este nuevo momento político, me encuentro regresando a la vida de mis antepasados en busca de la sabiduría, entre la realidad continua de la pandemia, acerca de nuestra consideración para las personas más vulnerables en nuestras comunidades, especialmente los trabajadores esenciales. Como personas esclavizadas y más tarde trabajadores agrícolas, mis antepasados eran tanto trabajadores esenciales como también trabajadores prescindibles. Eran tanto trabajadores esenciales como también trabajadores explotables. Eran trabajadores esenciales sujetos a la lógica e impulso del Imperio de disminuir su humanidad, excluirlos de la ciudadanía plena, extraer su labor, y distanciarlos a ellos y a su comunidad dentro de la imaginación moral de la nación.

La situación lamentable de los trabajadores esenciales es un testamento al poder de la jerarquía del valor humano, el mito de la escasez, y el hiper-individualismo que nos aísla y nos distancia a todos. Este es el momento de consultar la sabiduría antigua y ancestral de nuestras tradiciones espirituales diversas en busca del valor y amor que necesitaremos para estar en solidaridad feroz con los trabajadores esenciales. Ya sea que nos enseñen que “nadie es un desconocido” o a ver la imagen del Santo en cada persona, nuestras tradiciones diversas de sabiduría afirman la dignidad intrínseca de todos nosotros.  Nuestras tradiciones nos llaman a compartir nuestros recursos y extender cuidado a los marginalizados. Y, para mí, las historias y la fe de los trabajadores esenciales hoy están profundamente entrelazados con las historias y fe de mis antepasados.

Y por lo tanto mantenemos la fe con los trabajadores esenciales por todos lados. Apoyamos acceso a los salarios justos y protecciones para los trabajadores, el acceso al cuidado de salud y la vivienda, y un camino hacia la ciudadanía. Las personas de fe y valor moral están luchando con nuestros hermanos en esta temporada porque resistimos la lógica del Imperio y abrazamos la visión de la Comunidad Querida. Rechazamos la jerarquía humana y abrazamos la dignidad humana. Rechazamos una economía y ecología de la escasez y trabajamos para un futuro abundante. Rechazamos el distanciamiento y aislamiento y perseguimos una comunidad inclusiva de pertenencia.

En esta nueva temporada, podemos mantener la fe con los antepasados. Por cierto, podemos cantar la sabiduría del himno que el nieto Willie (a quien yo conocía) de la Abuela Delsie que hubiese aprendido en la escuela: “Marchemos hasta tener la victoria.”

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